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Legumbres y microbiota: por qué el plato de cuchara es gasolina para tu jardín interior

Cuando éramos pequeños, las legumbres no siempre eran las protagonistas preferidas de la comida. Aquel plato de lentejas que la abuela ponía en la mesa a menudo provocaba algún gesto de resignación, y los garbanzos del cocido parecían más una obligación que un placer. Pero el tiempo, como suele ocurrir, ha acabado dando la razón a las abuelas. Hoy la ciencia confirma lo que ellas intuían: las legumbres son uno de los alimentos más completos y beneficiosos que podemos comer, y su efecto sobre nuestra salud va mucho más allá de lo que imaginábamos. En la Granja Neus, los platos de cuchara con legumbres son una constante de nuestro menú diario, y hoy queremos explicaros por qué estos humildes ingredientes son auténtica gasolina para vuestro jardín interior.

La microbiota: un universo dentro de nosotros

Antes de entrar en materia, conviene entender qué es esto de la microbiota intestinal, un concepto que cada vez suena más pero que todavía genera cierta confusión. Dentro de nuestro intestino viven billones de microorganismos, principalmente bacterias, pero también hongos, virus y otros seres microscópicos que forman un ecosistema tan complejo como fascinante. Este conjunto de microorganismos es lo que llamamos microbiota, y su papel en nuestra salud es tan importante que algunos científicos lo han bautizado como el «segundo cerebro» o incluso como un órgano más del cuerpo humano.

La microbiota intestinal no es un simple pasajero que vive a nuestras expensas. Todo lo contrario, establece una relación de beneficio mutuo con nuestro organismo: nosotros le proporcionamos un lugar donde vivir y alimento, y ella nos ayuda a digerir ciertos nutrientes, sintetiza vitaminas que no podemos fabricar por nosotros mismos, entrena nuestro sistema inmunitario e incluso influye en nuestro estado de ánimo a través de la producción de neurotransmisores. Cuando la microbiota está equilibrada y diversa, nos sentimos mejor, digerimos mejor y enfermamos menos. Cuando se desequilibra, pueden aparecer problemas digestivos, inflamación, cansancio e incluso alteraciones del humor.

Las legumbres: el mejor alimento para tus bacterias buenas

Y aquí es donde entran en juego las legumbres. Garbanzos, lentejas, alubias, habas, guisantes… todos ellos comparten una característica que los hace excepcionales para nuestra microbiota: son extraordinariamente ricos en fibra fermentable, especialmente en un tipo de fibra llamada oligosacáridos y en almidón resistente. Estos componentes no se digieren en el estómago ni en el intestino delgado, sino que llegan intactos al colon, donde las bacterias beneficiosas los esperan con los brazos abiertos.

Cuando las bacterias de la microbiota fermentan esta fibra, producen unos compuestos llamados ácidos grasos de cadena corta, principalmente acetato, propionato y butirato. Estos ácidos grasos son auténtico oro para nuestra salud intestinal: nutren las células de la pared del colon, reducen la inflamación, refuerzan la barrera intestinal y ayudan a regular los niveles de azúcar y colesterol en sangre. El butirato, en particular, ha despertado un gran interés científico porque parece tener propiedades protectoras contra el cáncer de colon.

Dicho de manera sencilla: cada vez que comes un plato de garbanzos o de lentejas, estás alimentando a tus bacterias buenas para que puedan hacer su trabajo y cuidar de ti. Es como abonar un jardín: si das a los microorganismos lo que necesitan, florecerán y mantendrán el ecosistema sano. Si los privas de ese alimento, el jardín se empobrece y las malas hierbas empiezan a ganar terreno.

Por qué las legumbres son mejores que los suplementos de fibra

En un mundo obsesionado con las pastillas y los suplementos, alguien podría pensar que basta con tomar fibra en polvo para obtener los mismos beneficios. Pero la realidad es más compleja. Las legumbres no solo aportan fibra, sino que lo hacen acompañada de un cóctel de nutrientes que trabajan en sinergia: proteínas vegetales de alta calidad, hidratos de carbono complejos de absorción lenta, minerales como el hierro, el zinc, el magnesio y el potasio, y vitaminas del grupo B, especialmente ácido fólico.

Además, las legumbres contienen polifenoles, unos compuestos antioxidantes que también llegan al colon y que modulan la composición de la microbiota de manera beneficiosa. Diversos estudios han demostrado que las personas que consumen legumbres de manera regular tienen una microbiota más diversa y más rica en bacterias beneficiosas como los bifidobacterios y los lactobacilos, precisamente los mismos que encontramos en los yogures y los alimentos probióticos.

Una curiosidad interesante: el almidón resistente de las legumbres aumenta cuando las cocinamos y las dejamos enfriar. Esto significa que esas lentejas que sobran del almuerzo y que comemos al día siguiente, frías o recalentadas, pueden ser incluso más beneficiosas para la microbiota que las recién hechas. Una buena noticia para los que tenemos la costumbre de aprovechar las sobras, que además de ser sostenible, resulta que es saludable.

El plato de cuchara: tradición y salud en perfecta armonía

La cocina tradicional catalana, sin saber nada de microbiotas ni de ácidos grasos de cadena corta, intuyó hace siglos que las legumbres eran fundamentales para una buena alimentación. Nuestros abuelos comían garbanzos con espinacas, lentejas con verduras, alubias con butifarra, habas a la catalana… platos de cuchara que combinaban legumbres con verduras, cereales y pequeñas cantidades de carne o embutido. Sin saberlo, estaban creando comidas nutricionalmente perfectas.

La combinación de legumbres con cereales, por ejemplo, es un clásico de muchas culturas mediterráneas y no es casualidad. Las legumbres son ricas en un aminoácido llamado lisina pero pobres en metionina, mientras que los cereales presentan el patrón contrario. Cuando los comemos juntos, las proteínas se complementan y obtenemos un perfil de aminoácidos tan completo como el de la carne. Es lo que ocurre cuando acompañamos unos garbanzos con un poco de pan, o cuando comemos arroz con lentejas como hacen en Oriente Medio.

Además, el hecho de cocinar las legumbres a fuego lento, como se hace en los platos de cuchara tradicionales, favorece la descomposición de los oligosacáridos que causan flatulencias, haciendo que sean más fáciles de digerir. Las abuelas que dejaban las lentejas cociendo durante horas no lo hacían por capricho, sino porque sabían que así sentaban mejor. Una vez más, la sabiduría popular se adelanta a la ciencia.

Garbanzos y lentejas: los reyes del menú en la Granja Neus

En la Granja Neus, las legumbres tienen un papel protagonista en nuestro menú diario. Los garbanzos con espinacas, las lentejas guisadas con verduras, las alubias con panceta… son platos que aparecen regularmente en la pizarra y que tienen sus incondicionales. Y no es extraño: cuando llegas a la Granja un día de frío y te pones delante de un plato de garbanzos humeantes, con ese caldo espeso y sabroso que solo se consigue con horas de cocción, el cuerpo te lo agradece inmediatamente.

Preparamos nuestras legumbres siguiendo las recetas de siempre, con un buen sofrito de base, verduras frescas de temporada y el tiempo de cocción que cada legumbre necesita. No usamos conservas ni precocinados: compramos la legumbre seca, la remojamos la noche anterior y la cocinamos poco a poco para que quede tierna pero entera, con esa textura que se deshace en la boca pero que no se desmigaja. Es trabajo, pero el resultado se nota.

Además, tenemos en cuenta que no todo el mundo digiere las legumbres de la misma manera. Por eso las cocinamos con cuidado, eliminando las espumas que se forman durante la cocción, añadiendo un trocito de laurel o de cebolla que ayudan a hacerlas más digestivas, y controlando el punto de sal para que no queden duras. Queremos que todo el mundo pueda disfrutar de un buen plato de cuchara sin sufrir después.

Recuperar la legumbre, recuperar la salud

En las últimas décadas, el consumo de legumbres ha bajado drásticamente en España y en todo Occidente. Hemos sustituido los platos de cuchara de las abuelas por comida rápida, procesada y llena de aditivos, y las consecuencias se notan: más obesidad, más diabetes, más problemas digestivos, más inflamación crónica. No es casualidad que los expertos en nutrición estén pidiendo a gritos que volvamos a las legumbres, que las incorporemos a la dieta al menos dos o tres veces por semana.

Las guías alimentarias más actuales, como la de la prestigiosa Universidad de Harvard, sitúan las legumbres en un lugar privilegiado de la pirámide nutricional, por delante de la carne roja y junto a los frutos secos como fuentes de proteína recomendables. Y la razón es clara: pocos alimentos ofrecen una combinación tan favorable de nutrientes, fibra y compuestos bioactivos con un coste tan asequible y un impacto ambiental tan reducido.

Así que la próxima vez que veas las lentejas o los garbanzos en la pizarra del menú de la Granja Neus, piensa que no estás eligiendo solo un plato sabroso y reconfortante. Estás dando gasolina de primera a tu jardín interior, alimentando a esos billones de microorganismos que trabajan día y noche para que tú te encuentres bien. Y todo esto mientras disfrutas de un plato de cuchara hecho como Dios manda, con productos de calidad y el tiempo que la buena cocina requiere.

Te esperamos en Vilanova i la Geltrú para demostrarte que comer sano y comer bien no están reñidos. Todo lo contrario: en la Granja Neus, van de la mano.